29 de noviembre de 2023: "Mi EM"

 

MI EM

María Caridad Peregrín

Después de sacudir enérgicamente las sandalias, no encuentro tranquilidad. Tengo un extraño hormigueo en el pie izquierdo, una sensación desagradable como si estuviese inflamado. Observo detenidamente, pero no encuentro nada. Será arena de la playa.

Mi asombro comienza en la siguiente madrugada. Nada más pisar el suelo, el hormigueo está ahí, continua, pero además se ha instalado en el otro pie. No doy crédito.

Acudo al medico y me manda vitaminas.

A los dos días, la sensación de hormigueo, de hinchazón, de quemazón y de malestar había llegado desde los pies hasta la cintura. Mis ojos me engañan porque lo que yo veo no se corresponde con lo que siento. Estas piernas no son las mías. Pertenecen a un elefante. Son dos moles de carne que no puedo levantar.

El siguiente medico no me quiso ni tocar. Me envía a un hospital cercano. Allí hay mas medios. Aquel pasillo se me hizo interminable. Mientras los demás caminan, yo me voy quedando atrás. Los pies se mueven con dificultad hasta el punto de que solo consigo deslizarlos. Muy pegada a la pared estoy más segura. Tras las pruebas oportunas, el medico internista me da una respuesta. “lo siento mucho. Lo que usted relata no se correlaciona con los resultados obtenidos. Sale todo normal. Mucho me temo que debe visitar a otro profesional. Le recomiendo un psiquiatra”. De cada ojo salen sendas lágrimas. Me estoy volviendo loca y no soy consciente de ello.

Entonces la mano de mi marido me sujeta y me saca del hospital. “yo te creo, no estás loca”. Hacemos las maletas, ya que es agosto y estamos de vacacione en la playa y nos marchamos.

“Las citas para neurología van por octubre”, me comenta la enfermera de mi hospital. Ante mi perplejidad y mi insistencia, decide consultar con el médico.

“Dice que, si quieres, te puede ver la última”

Ya daban las tres y media de la tarde, cuando el médico me recibe y le presento los papeles del otro hospital.

“Cuéntame” me dice con amabilidad.

A cada frase que sale de mi cuerpo con una vocecita frágil, observo como él asiente con la cabeza. Compruebo que me escucha con atención y que me cree, entiende lo que digo, no pone cara extraña.

“Parece una enfermedad desmielinizante” sentencia cuando acabo mi narración.

Yo me quedo muda, sola, tranquila, agradecida y sobre todo muy contenta.

¡Por fin! Alguien que me cree. Mi alegría es inmensa.

Es el comienzo de mi esclerosis múltiple.







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