Historia 24- Ángel Luis Delgado León
Soy Ángel Luis Delgado León, tengo 23 años y nací en Maracaibo, estado Zulia, Venezuela. Todo comenzó una tarde de mayo de 2020, mientras estudiaba el Rondó Caprichoso de Saint-Saëns para mi próxima clase de violín. Me acosté un momento y, al levantarme, noté que no sentía mi mano izquierda. Al principio me causó gracia: pensé cómo sería tocar el violín con el brazo dormido. Lo intenté... y me pareció curioso. Pero aquella sensación no desapareció. Se extendió rápidamente por mi pierna, mi tobillo se paralizó y perdí el control de todo mi lado izquierdo.
En cuestión de días pasé de tocar mi instrumento con pasión
a no poder sostenerlo. Sentí que mi vida se había detenido. Me pregunté quién
era yo si ya no podía tocar. Había dedicado años a mi violín, soñando con
orquestas, escenarios y música... y de repente, todo se volvió incierto.
Gracias a Dios, conté con el apoyo de mi familia, de mi iglesia y de una
segunda familia que me regaló la vida: El Sistema de orquestas, fue mi primera
profesora de violín quien insistió en buscar respuestas médicas. Después de
múltiples estudios, supe que tenía esclerosis múltiple. Empezó entonces un
proceso largo de tratamientos, fisioterapias, psicólogos y, sobre todo, de
reaprendizaje. Hubo momentos en los que pensé en rendirme. Pero cada vez que
escuchaba un concierto, una sonata o un capricho de Paganini, algo dentro de mí
despertaba. Recordaba quién era antes del brote, y entendía que el violín no era
solo mi carrera, sino mi manera de mantenerme en pie. Aprendí a tocar de nuevo,
a conocer mi cuerpo y a aceptar sus nuevos límites sin dejar que definieran mis
sueños. Poco a poco, los avances llegaron. Volví a las orquestas, recuperé el
arco y con él la esperanza. Y hoy, desde Madrid, donde continúo mis estudios en
el Real Conservatorio Superior de Música, puedo decir que mi mayor victoria no
es vencer la enfermedad, sino seguir soñando con ella a mi lado. La esclerosis
múltiple me enseñó que la verdadera fuerza no está en lo que podemos hacer sin
esfuerzo, sino en lo que seguimos intentando incluso cuando duele. Mi vida
cambió, sí... pero sigo tocando mi propia melodía.
Comentarios
Publicar un comentario